Tratado para
ser feliz. Capitulo 7 .Carmen y Berto.
Cuando Pro
entró en la habitación le pareció encontrarse en la escena de alguna película:
Berto estaba sentado en la cama con esos ridículos pijamas de hospital, muy
despeinado pero no como solía despeinarse él media hora frente al espejo si no
de verdad, el médico en frente suyo como abroncándole con su bata blanca
inmaculada y su corbata tan bien puesta debajo y sobre todo ese medio segundo
de silencio que acompañó a su entrada en escena. Berto se levantó y se dirigió
hacia el baño como un adolescente enfurecido.
-¿Todo bien
Berto? ¿Estás mejor?
-Si todo
bien, me visto y nos vamos.
Pro acompañó al médico a recoger el alta. Le
habían hecho un lavado de estomago y le habían pinchado un calmante o
relajante, en el análisis de sangre le habían encontrado de todo y tenía un
cuadro de ansiedad con episodios de paranoia. Lograron que se durmiera a media
tarde y había estado 18 horas seguidas durmiendo.
-Así quizá
también me curaría yo.
-¿Perdone?
-No nada,
que hace mucho tiempo que no duermo en condiciones.
-Pues el
sueño es un reparador tanto físico como psíquico mucho más importante de lo que
la gente se cree. Es como cargar la batería del móvil por las noches, de eso si
que no se olvida nadie.
-Estoy
totalmente de acuerdo con usted.
-Vale, bueno
le decía que su amigo está bien, solo debe descansar y no ponerse nada unos
días, que se tome una pastilla de estas antes de dormir dos ó tres días y si
persiste la ansiedad que acuda a su médico de familia.
-¿La
ansiedad? ¿Tiene ansiedad?
-Bueno, ayer
estaba muy mal y, bueno cuando se acumulan excesos…el cuerpo tarda un poco en
ir eliminado esas toxinas. Ayer tenía un episodio psicótico muy recurrente,
hablaba de una muerte, una desaparición, un complot del gobierno y muchas cosas
más. Esta mañana le he preguntado por esa amiga y me ha contestado que no podía
decir nada más hasta que viniera usted a buscarle.
-Ya, eso es
otra historia y la verdad es que a él pudo afectarle más ese hecho que las
drogas que hubiera tomado.
-Pero
¿Entonces es cierto?
-Lo cierto
es que ayer echamos en falta a una amiga a quien Berto está muy unido y su
posterior búsqueda pudo causarle un bloqueo mental pero no creo que tuviera
alucinaciones.
-Pero ¿Lo de
la muerte? ¿Y lo del gobierno?
-Bueno,
doctor. Como le he dicho fue un momento muy tenso, no sé qué diría cuando tuvo
que quedarse aquí en contra de su voluntad, es una persona…especial, ha tenido
una vida especial y no lleva bien sentirse aislado, encerrado. Lo importante es
que está bien y que estos de días de reflexión le van a venir mucho mejor
todavía, ha sido usted muy amable, si necesitamos algo más…
Berto
apareció vestido y con una bolsa de deporte en la mano.
-¿Todo bien?
-Todo bien,
nos vamos. Te guardo yo el informe y las pastillas, tienes que pedir cita con
tu médico.
Cogieron un
taxi de la parada
-¿qué ha
pasado con Carmen?
-De momento
nada, te llevo con Helena, necesita estar con alguien. Adri está con la bogada
gestionando el tema, no te preocupes yo voy a ir por si puedo ayudar en algo.
Tú quédate con Helena y poneros una película o cocinar algo para cuando
lleguemos. No quiero ni copas de vino ni tiros de coca ¿Me entiendes?
-Joder Pro
¿Quieres que me ponga histérico? ¿Quieres que me vuelva to loca de verdad? Te
pregunto por Carmen que vengo de que me traten por loco y lo único que te
preocupa es que no me ponga tiros, un tiro me voy a pegar de verdad, te lo
juro, cuéntame que está pasando por dios no me pongas más nerviosa ¡coño ya!
-Berto, por
favor, yo estoy atacado también. Helena
también, tu ayer tenías un cuadro médico de la poya, estabas hasta las cejas y
joder, tu y yo, y todo el mundo sabe que eso no ayuda nada ahora. Vamos a
buscar bien a Carmen pero por favor cuida tú un poco de Helena ahora. ¿Vale?
Por favor.
Berto no le
contestó, siguió el resto del camino en silencio mirando por la ventanilla.
Norberto era
un canario de Valladolid con una vida muy especial, apareció en la península
huyendo del calor y de los prejuicios de un pueblo muy pequeño de Tenerife. Su
padre era Negro o mulato y caribeño, muy sensual pero muy masculino también.
Norberto
había heredado el color de su padre pero nada más, bueno quizá el ritmo
bailando pero no lo sabían porque a nadie había hablado nunca de su padre, solo
sabían que no había encajado bien debido a su color en su infancia y a su
sexualidad después. Abandonó al Norberto oprimido en su pueblo y emigró a
Madrid como Berto con 17 años recién cumplidos, duró poco en su primera etapa
en Madrid, no encontraba su sitio y mucho menos trabajo , todo le resultó
cuesta arriba , incluso su despertar sexual que no fue más allá de encuentros
esporádicos y desiguales y cuando estaba a punto de tirar la toalla y regresar
derrotado a su infierno le salió trabajo en Valladolid, en una bodega ,
haciendo algo que si sabía hacer , trabajar en la tierra con unas tijeras .Y
allí conoció a Carmen, ella era la hija del dueño pero trabajaba como química
en el laboratorio y se relacionaba más con los operarios que con la directiva ,
lo cierto es que poca gente sabía su vínculo familiar .Se gestó una rápida
complicidad entre ellos, con quedadas frecuentes a la salida del trabajo
incluso con coqueteos sexuales entre ambos hasta que una noche de borrachera él
se quedó en el apartamento de Carmen dormido , a la mañana siguiente Berto no
recordaba nada y le hizo sentir muy
incómodo, no quería confesar sus sentimientos pero se sentía obligado a disculparse
por algo aunque no tenía claro porque.
Estaba
desnudo en calzoncillos en la cama de Carmen con una gran erección, ella debía
estar en el baño o en la cocina, o quizá no estaba en la casa y había dormido
solo, cualquier posibilidad le angustiaba porque la consideraba el resultado de
alguna cagada previa suya cuando entró Carmen en la habitación
Llevaba el
pelo recogido en un moño alto y descuidado, un pijama raso de dos piezas y una
taza en una mano.
-Buenos días
Romeo
Berto no contestó,
le embriagó un calor intenso y todo el cuerpo alcanzó el mismo color y temperatura que su miembro antes erecto.
-Anoche
intentaste seducirme de todas las formas posibles, pobre Berto tu dicción era
más convincente que tu actitud.
-Anoche,
perdona, no sé lo que hice.
-Tranquilo
osito, fuiste encantador de todas formas. Pero creo que tienes un problema no
resuelto para el que quizá tenga yo la solución.
-No se
Carmen, no sé a qué te refieres y sobre todo no quiero ofenderte.
-Pues mira
Berto, creo que eres homosexual o que al menos lo crees tú, y creo que no te
has acostado ni con ninguna chica ni tampoco con otro hombre, por lo que creo
que parte de tu confusión es debido a que eres virgen y en eso si te puedo
ayudar.
-No sé de
verdad .Yo. Yo te quiero mucho Carmencita, te lo juro de verdad.
-Lo se
tonto, yo también te quiero a ti y para que te quedes tranquilo soy lesbiana o
casi porque también me gustan los hombres pero me seducen mucho más las
mujeres.
-¿Qué?
-Pues que me
gusta follar con hombres y con mujeres pero quién me seduce de verdad, quién me
hace perder los papeles son mujeres. Que yo también he tenido una adolescencia
difícil con una sexualidad diferente, a mí me atraían mis compañeras del equipo
de vóley del instituto y eso me hacía sentir mal. Que también he tenido una
relación difícil con mi familia, una relación fría, distante, como si no
fuéramos familia, como si yo no perteneciera a su estirpe. ¿Sabes quién es mi
prima? La señora Lucena, si, la jefa de recursos humanos. ¿Mi tío?
Evidentemente su padre el señor Lucena, el que dirige toda la planta, mi padre
y mis otros dos tíos no aparecen, tienen el despacho en Valladolid.
Y si vale,
yo estoy de enchufada en el laboratorio pero apenas tengo relación soy como la
apestada de los Lucena-Rodriguez.
-Carmen, yo
no sabía nada ¿Por qué me cuentas todo esto?
-Porque no
sé qué te ha pasado a ti pero tú vienes huyendo de tu familia de tu entorno
como quiero hacer yo, este año acabo la carrera y me voy de aquí. Sé que tienes
un problema con tu sexualidad como le he tenido yo y me encantaría ayudarte y
porque creo además que seas quien seas y vengas de donde vengas has llegado a
mí para quedarte conmigo.
-¡¡
Carmencita!!
Berto se
echó a llorar y Carmen se tiró en la cama a abrazarle, le cogía la cabeza y le acariciaba
el pelo mientras Berto lloraba y la repetía que la quería mucho.
La escena
alimentó el calor otra vez en toda la habitación con el mismo epicentro
anterior y cuando Carmen miró a Berto él no supo dónde meterse e intentó lo que
no sabía.
Según iban
pasando los besos su rubor crecía al mismo tiempo que disminuía su erección y
Carmen le detuvo.
-¿Estás
bien?
-No puedo,
no sé qué me pasa, no puedo, perdóname de verdad.
-Mira Berto
no te pongas a llorar otra vez o voy a pensar que eres más maricona que mi tío
Andrés, que no te gustan las chicas, que no me tienes que hacer ningún favor,
que solo quiero que te abras y me cuentes que sientes. Y que el que tiene la
poya como un mástil eres tu cariño.
Se rieron y
Berto le contó su vida, su confusión infantil y su frustración, su
comportamiento a veces afeminado y el rechazo frontal de su entorno, sus
escarceos sexuales con chicos mayores en el colegio, las palizas de su padre y
de otros chicos, y su huida de todo aquello. No le contó nada de Madrid, ni de sus
inicios en la prostitución ni de los coqueteos con la droga. Eso se lo contaría
más adelante.

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