lunes, 28 de mayo de 2018

Tratado para ser Feliz. Capítulo 10.Un box de urgencias


Tratado para ser Feliz.
Capítulo 10.
Pro despertó confuso y dolorido en lo que parecía un box de urgencias de algún hospital, enseguida se acercó una auxiliar a preocuparse por su estado.
-Buenos días ¿qué tal se encuentra?
-No muy bien la verdad ¿Dónde estoy?
-En urgencias. En el hospital central, le trajeron esta madrugada. ¿Recuerda algo?
-Sí, algunas cosas ¿Cuánto tiempo dice que llevo aquí?
-Unas pocas horas, ingresó alrededor de las 5 y ahora son las doce pasadas del mediodía, apenas ha descansado. Por cierto hay un familiar suyo afuera, si quiere le hago pasar y luego se duerme otro rato hasta mi cambio de turno ¿Qué le parece?
-¿Un familiar? ¿Quién es?
-Pues no sabría decirle, es un señor bien vestido de unos 50 años, con gafas, más bien bajito y muy delgado. Creo que le llamó la policía municipal cuando le trajeron a usted y lleva aquí desde las ocho y pico…
-¡Es mi cuñado! Dígale que pase por favor.
-De acuerdo pero son menos de veinte minutos y luego se duerme otro rato, tiene dos costillas rotas y un posible epítema en un pulmón.
-Sí, si, lo que usted diga pero por favor dígale que pase e incorpóreme un poco por favor.
-No puedo hacer lo segundo, solo puede inclinar la cama si quiere con el mando pero usted no puede moverse de momento.
Fran apareció al momento corriendo la cortina de plástico que limitaba su box.
-Pro ¿Qué ha pasado?
-Fran, que alegría verte, perdona que te llamaran a ti, me pidieron un teléfono y solo pensé en ti
-Bueno, no te disculpes pero ¿Qué ha pasado? Tienes dos costillas rotas y la cara como un cromo ¿te han pegado una paliza? ¿Por qué?
-Por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, como siempre  que pasan estas cosas. Fue en casa de Adrián, estaban robando, creo, y aparecí yo haciendo ruido.
-¿En casa de Adrián? Pero si él vive contigo y ¿Dónde está el? ¿Está bien?
-Sí, perdona. Adrián está durmiendo en casa, estaban robando en el apartamento de enfrente donde vive, vivía, una chiquita que andaba enrollada con tu hijo. Es muy largo y un poco complicado quizá, el caso es que necesito tu ayuda. Quiero que vayas a casa y les cuentes a toda la tropa que hay allí que son tu hijo y dos más que estoy aquí y que han robado en su casa, ellos son mis vecinos, tienen que llamar a la policía y denunciar el robo y además… me gustaría que te llevaras a Adri y a los otros dos a tu casa de la sierra unos días, al menos los mismos que pase yo aquí.
-¿Qué coño está pasando Pro? Si me has llamado es para que me cuentes de que va todo esto ¿Cómo que me los lleve a la sierra? ¿Quieres que los esconda? ¿De quién Pro?
-Yo tampoco sé de qué va todo esto, anoche encontré su puerta abierta y al asomarme  me dieron de ostias ¿Qué más quieres que te cuente?
-¿Por qué quieres que me los lleve a la sierra? Y por cierto ¿me los llevo con tu hermana o la dejo al margen? Al margen de todo claro, de llevarme a tus vecinos a su casa, de que su hermano esté en el hospital con una paliza de que esta mañana me hayan llamado a mí.
-Ya, bueno creo que tienes razón. Siéntate.

Hablaron de Carmen y de su muerte, de la relación que tenía con Adrián, de sus peculiares vecinos y sus circunstancias, hablaron también de Luisa y Benjamín y de la historia que querían contar y sin entrar en muchos detalles también le estaba hablando de la presencia de Sofía alrededor de la historia cuando apareció de nuevo la enfermera anterior descorriendo bruscamente la cortina del box.
-Lo siento mucho pero tienen que terminar la visita.
-Me dijo que serían veinte minutos-replicó al instante Pro.
-Lo siento mucho me han dado órdenes de que vaya desalojando esto y ya, vienen los médicos en su ronda y a usted le va a visitar un traumatólogo con todo el sequito de estudiantes.
-Vale Fran, cuéntale lo que tu creas oportuno a mi hermana, pero sobretodo ves a mi casa  e intenta llevártelos a todos a la sierra y esta noche hablamos por teléfono ¿de acuerdo?




29 octubre
La mañana despertó gélido a Pro, hacía frío como si fuera un hospital y estuviera despareciendo el veranillo de  San Miguel de golpe.
Una enfermera entró abriendo cortinas y subiendo persianas, vio que el paciente estaba despierto y le dirigió una mirada cómplice.
-Seguro que hoy no le importa madrugar, como marcha temprano.
-Seguro que protesto menos se lo prometo pero por favor no abra las ventanas todavía, lo hace cuando de la vuelta. Por favor.
La enfermera no contestó, se fue andando por el pasillo de camas hasta el otro extremo y empezó a abrir ventanas.
Pro se dio media vuelta en la cama y metió la cabeza bajo la almohada.
Estaba terminando el desayuno cuando entró Fran la habitación.
-Buenos días Pro, hoy nos vamos a casa, en un rato cuando nos den los papeles del alta. ¿Qué tal has pasado la noche?
-Bien, mejor que la anterior, pero tengo ganas de irme ya ¿Está mi hermana ya .
-Sí, bueno la recogemos ahora los dos, estaba llenando la última bolsa.
-Vale, me parece bien.
-Escucha, tengo un amigo y tal, que bueno es de allí del pueblo, he ido a cazar con él y le conozco bastante del pueblo. El caso, estaba en casa ayer y va a venir esta tarde a hablar contigo. No es abogado pero es pasante y entiende bastante del tema y bueno que creo que nos puede echar una mano.
-Pasante. No te digo de qué Fran. No te digo de qué…Pero lo que no entiendo es que has contado o que ha pasado por tu casa en dos días.
-Nada, de verdad, es un amigo y se ofreció el, esta tarde viene y habláis sin más Pro, tu hazme caso.
Los papeles se alargaron un poco y la hermana de Pro también, cuando llegaron al pueblo había pasado la hora de comer de largo, los abrazos y besos le habían podido más que el hambre y decidieron entre todos que lo mejor era que se acostara un poco para descansar.
Aunque apenas durmiera un rato largo se despertó atontado y pesado, con un fuerte dolor de cabeza que le incremento cuando entró en la cocina y se encontró a su sobrino con Fran y un hombre que no conocía.
-Hola, me llamo Perezlopez señor, o me llaman así, profesionalmente también.
Era un hombre alto, delgado y algo desgarbado, enjuto de tez morena y te miraba muy de frente como  los retratos del greco.
-Hola, encantado yo soy Pro o me llaman así. Supongo que Francisco le habrá dicho que no estoy muy convencido de que sea buena idea que entre en este asunto. ¿Qué sabe? y ¿en qué cree que puede ayudarnos?
-Bueno, Fran me dio el nombre de Carmen de Nomeacuerdo y he averiguado muchas cosas, creo. Sé de donde procede, cuál es su familia y sus intereses políticos y la extraña postura antagónica de la fallecida. En cuanto a su muerte, bueno un golpe mal dado parece ser la versión más prudente. También sé que los intereses empresariales de la empresa familiar tienen nuevos socios. Y bueno en cuanto a la pregunta de en qué puedo ayudarlos, supongo que en todo lo que esté en mi mano, y en mis contactos.

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