domingo, 5 de abril de 2020

Capítulo nueve. Tratado para ser feliz.


Tratado para ser feliz.
Capítulo 9.
Lo volvería a hacer.

Tuvieron que llamar a un médico, Berto había entrado en cólera y alcanzó un estado de excitación que consideraron peligroso para su salud, Helena había decidido solidarizarse y tuvo un ataque de ansiedad también.
Cuando llegaron el abogado y Adrián la casa de Pro parecía un hospital de campaña y éste estuvo a punto de unirse a la fiesta del tranquilizante, el abogado dijo no sorprenderse ya que había visto de todo, pero si pareció molestarle que Luisa no estuviera.
—En seguida vuelve, tenía que ir un momento al cierre, creíamos que llegaría antes que vosotros. —Justificó Benjamín.
—Bien, pues mi presencia aquí ya la considero innecesaria voy a llamar a Luisa un minuto.
Salió fuera al descansillo mientras Pro seguía discutiendo con Berto y el médico sobre la inconveniencia de que los pacientes se quedaran en su propia casa cuando la suya estaba justo enfrente.
—Mire hagan ustedes lo que consideren, no acabo de entender sus reticencias. Sólo le estoy indicando que necesitan supervisión y que desaconsejo su traslado, me han dicho que el paciente varón viene del hospital con un episodio severo con las mismas características. Yo les voy a prescribir reposo absoluto desde este mismo instante y el domicilio ya lo eligen ustedes mismos. 
Al salir se cruzó con el abogado que estaba terminando la llamada justo en la puerta.
—Bueno, efectivamente Luisa viene ya hacia aquí, pero lamentándolo mucho no puedo esperarla, ella tiene mi tarjeta, les dejo otra para que la tenga usted si quiere llamarme, el señor González puede explicarle que ha pasado mientras viene Luisa, ella tiene toda la información del caso y bueno discúlpenme, pero tengo que irme ya.
Les saludó uno a uno a todos muy cordialmente con un apretón de manos enérgico y se fue.
—La noche de los bordes que bien, bueno lo primero es lo primero. Berto y Helena os vais a dormir a mi cama y Adrián, si quieres te vas a la habitación del fondo, la que era la tuya, convertimos el sofá en cama y me dejáis a mí el salón para cuando vuelva. Venga zafarrancho, iros preparando porque Benja y yo nos vamos.
—¿Cómo que os vais, no iba a venir la chica esa que tiene toda la información? No me trates como a una puta cría Pro que me tienes hasta los cojones.
—Mira Berto estoy teniendo mucha paciencia y calma con todo esto, vosotros estáis mal y lo mejor que podéis hacer ahora es descansar y coger fuerzas y sobre todo lucidez y calma Berto. Benja no pinta nada aquí ya y no voy a hacer que venga Luisa porque esto se está pareciendo al camarote de los hermanos Marx.
—Tú me quieres ocultar y mangonear que es lo que más te gusta.
—Pues sí, eso es cierto quiero mangonearos un poco que hace mucho que no me dejabais hacerlo ¿verdad?
—Joder Pro— se puso a llorar— no me dejes al margen por favor, Carmen era mi niña, mi alma, mi…
—Ya lo sé Berto, estate tranquilo vale. Tenéis que descansar los tres y mañana ya verás cómo es menos difícil todo.
—A mí me gustaría acompañaros.
—Mira Adrián, no vamos a hacer nada, solo voy a acompañarlo. A pagar el abogado y a dar por finalizado esta parte del episodio, quédate con ellos por favor. Cuando vuelva seguro que estamos todos más calmados y descansados y hablamos mejor de todo.
Pro y Benjamín bajaron las escaleras en silencio, pero nada más pisar la calle Benjamín detuvo a Pro.
—¿Dónde vamos? Luisa viene ya, podemos cruzarnos con ella.
—Quería hablar contigo un momento a solas.
—Ah, perfecto, yo también, pero…bueno es un artículo de Luisa, sería mejor hablar cuando esté también ella. Hay mucho dinero por medio Pro, Luisa lleva mucho tiempo con esta historia y ahora se ha vuelto más jugosa todavía.
—¿Dinero? no sé a qué te refieres, pero no hay ninguna historia.
—¿Qué opinas de la muerte de Carmen?
—¿Cómo que qué opino? Opino que es una putada, sobre todo para ella. Aunque a veces piense que…la verdad para lo que pintamos acá.
—¿No me digas que tienes pensamientos suicidas?
—¿Quién ha hablado de suicidarse?  Yo te decía que a veces pienso que la vida tampoco ofrece tantas cosas buenas, bueno yo quería hablar sobre el cuadro que hay arriba, he contactado contigo por amistad y porque estoy un poco superado con todo esto, pero no quiero que vaya más allá, no sé qué tiene Luisa, que pista anda siguiendo, pero creo que deberíamos dejar al margen a Berto al menos por ahora.
—No te preocupes tío, tu estarás al mando, si se citan nombres o lo que sea tu tendrás siempre la última palabra. ¿Por qué no nos sentamos en ese banco de la esquina? Seguro que vemos llegar a Luisa.
Apenas se sentaron cuando apareció la silueta de una mujer bajando la calle, Pro encendió su cigarro y se levantaron.
—Hola ¿me esperabais? He venido en cuanto he podido escaparme, he hablado con el abogado y tengo también noticias nuevas ¿subimos?
—Hola Luisa, estábamos fumando un cigarrillo, si no te importa damos un paseo y nos vas contando.
Benjamín asintió y entraron los tres en un parque.
—Lo primero: gracias por todo Luisa.
—De nada Pro. Lo primero: no hay nada con tu sobrino, ni cargos ni registro alguno.
—Gracias otra vez, me tienes que decir cuánto es todo, las gestiones de tu abogado…
—Escucha Pro: no me debes nada, el abogado es del periódico y no ha hecho nada. Con tu sobrino no hay nada, solo le ha recogido en el hospital para traerlo a tu casa, en el juzgado ni siquiera ha podido acceder a la sala que lleva el caso de Carmen, lo han declarado secreto de sumario y la familia de Carmen ya ha presentado sus letrados. Y ahora escúchame: hay una historia detrás o delante, yo llevo mucho tiempo siguiendo la pista de las bodegas y del tío de Carmen, ya tiene una sentencia condenatoria de su época de concejal en Villanueva del Moral. Hay conexiones con la mafia, pero con la mafia de verdad, la italiana, les venden vino que luego le ponen la Denominación de La Provenza y precisamente creo que son ellos quienes se han cargado a Carmen.
Yo quiero que cuentes tú la historia, no queremos a Berto, ese chico no sabe nada y no puede aportar gran cosa, solo ser un blanco fácil porque ellos sí podrían creerse que sabe más de lo que sabe y entonces su vida no valdría nada. Pero tú eres famoso y es más fácil protegerte si lo cuentas en primera persona con nombres y apellidos. Y por supuesto que al firmar la historia llevaría una jugosa recompensa económica.
—No sé por dónde empezar Luisa. Y Benja. Bueno que lo de ser famoso pasó a la historia hace muchos años y que yo no veo ninguna historia contada de la manera que dices. Si hay historia escríbela tú que eres la periodista y ten cuidado de no citar tus fuentes como siempre se hace, no entiendo porque te hago falta yo inventándome nada en nombre de…No sé, de verdad ¿porque hace falta introducir personajes?
—Es peligroso Pro. Muy peligroso, todos los medios tenemos la muerte de Carmen, que seguramente termine quedando como un accidente o algo parecido, pude que sancionen al policía que la golpeó y así quedará más tapado. Todos tenemos también la historia de corrupción que hay tras esas bodegas y esa familia, pero nadie tiene o nadie va a publicar la relación entre esas dos noticias y para publicarlo nosotros tenemos que tener un apoyo seguro y creíble desde el minuto uno.
—Cariño ¿Por qué no nos vamos los tres a nuestra casa y hablamos allí de todo esto? ¿Qué te parece Pro?
—Me parece buena idea, pero vosotros vivías en las afueras ¿no?
—Pues en Las Rozas, no tardamos nada hombre.
—Lo digo por la vuelta, es muy tarde ya y has visto el panorama que he dejado en mi casa. Mejor me dejáis en esta calle y bajo hacia mi casa, de verdad muchas gracias por todo, a los dos. Mañana nos llamamos y nos reunimos para hablar de todo esto todos juntos.
Pro subió las escaleras del edificio renegando por dentro, no le gustaba nada la historia que le había contado Luisa, no quería mezclar a Berto ni mucho menos a su sobrino y no quería adquirir ningún protagonismo tampoco, pero lo que más le irritaba era recordar a Sofía, había visto una llamada perdida suya en el móvil al mirar la hora en el coche de Luisa y sin querer responder la llamada sabía que podía tener algunas respuestas, como por ejemplo porqué había desaparecido y si era casualidad que su suegra fuera la juez del caso.
Al llegar al rellano de su piso giró la mirada hacía la puerta de Berto y Carmen y le pareció ver la puerta ligeramente abierta, se dirigió dubitativo y justo al empujar la puerta el miedo le hizo hablar en alto.
—¿Qué coño hacéis a estas horas?
Encendió la luz y encontró el salón destrozado: cojines rajados, cristales rotos por el suelo y papeles y fotos desperdigados por toda la casa. Fue agachándose y cogiendo objetos buscando una explicación a esa locura y ya no pudo recordar más. Despertó al día siguiente reanimado por un enfermero del SAMUR, tenía un fuerte golpe en la cabeza y había estado varias horas inconsciente. Intentó recordar el golpe mientras le vendaban la cabeza al mismo tiempo que responder a esas voces que le hablaban.
—Señor, ¿puede oírme? ¿Puede decirme su nombre? ¿Sabe que ha pasado? Soy la doctora Olmo, tenemos que trasladarlo y quiero saber si puede oírme y hablar, por favor haga un esfuerzo ¿Cómo se llama señor?
—Me llamo Prudencio Ortiz y no sé qué ha pasado, me han agredido, me golpearon, primero un puñetazo en la cara creo y luego puede que un golpe en la cabeza con algo, la verdad no recuerdo nada. Vivo enfrente, vi la puerta abierta y al entrar estaba todo revuelto y …me duele todo, pero sobretodo la cabeza.
—Bien, este tranquilo, vamos a darle un calmante y nos le llevamos ¿Quiere que avisemos a algún familiar?
—¿Cómo dice? ¿Quién les avisó a ustedes?
—La policía municipal, están esperando abajo, fueron ellos quienes nos llamaron con aviso de herido.
—¿Y a ellos?
—¿A ellos? Pues no lo sé, pero puede usted preguntárselo ahora.

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