Tratado para ser feliz.
Capítulo 8.
Vinos
de mesa.
Pro pagó al taxista
mientras Berto abría el portal. Le esperó con la puerta abierta clavándole su mirada.
— Bien ¿cuál es el plan ahora jefe?
Pro torció un poco el gesto.
—Pues el plan es que subas
con Helena y descanses un poco, que os hagáis compañía,
que falta os hace, que te cuente algún cotilleo y que esperéis noticias. Yo, yo
me voy a buscar a mi sobrino porque no quiero que esté solo con Sofía y en
cuanto sepamos donde coño está Carmen te llamo. ¿Subes solo?
—Sí, no te preocupes boss.
—Vale, no te digo más tú
sabrás que llevas gafas.
Berto entró en su casa y le
sorprendió no encontrar a Helena, sin cerrar la puerta llamo al timbre de
enfrente donde vivía Pro. Abrió la puerta Helena.
—Hola, ¿qué haces aquí?
—Hola, estoy limpiando un
poco, además Pro tiene teléfono y nosotros no. ¿Qué tal estás?
—Bien, necesito descansar
un poco, prefiero irme a mi habitación pero quédate tú si quieres.
—No, me voy contigo, me
dijo Pro que estuviéramos juntos.
—Haz lo que quieras nena
pero yo estoy hasta el coño de que ese tipo nos de órdenes a todos cuando no
tiene ni puta idea de la vida ni de nada.
—Bueno me voy contigo,
espera que cierre las ventanas.
—Ni puta idea de nada, te
lo digo yo, esta movida es muy gorda.
Berto estaba gritando desde
su piso buscando en la encimera de la cocina cuando entró Helena.
— ¿Qué pasa Berto? ¿Qué
buscas?
—No lo sé, pero algo,
Carmen tiene que tener algo guardado en algún sitio, tú no tienes ni puta idea
de qué va esto y dudo que pudieras entenderlo.
— ¿Por qué?
— ¿Qué por qué? siéntate
mona. Mira, a ver por donde empiezo, Carmen tiene una familia muy importante,
metidos en política, metidos en corrupción, su padre y sus tíos tienen una
bodega muy importante ¿sabes? Y ¿sabes lo que hacen? Limpiar dinero, y
sobretodo financiar a un partido político, el de su tío. Carmen lo sabía y les
hacía algún tipo de chantaje, por eso nos vinimos de Valladolid, trabajábamos
juntos en la bodega, yo no sabía nada de su familia, ella trabajaba en el
laboratorio y yo en la recolección y nos hicimos amigos y nos fuimos a vivir
juntos , éramos una parejita normal para todos y entonces Carmen me dijo que le
iban a dar un dinero, pero que nos teníamos que venir a vivir a Madrid, yo
creía que era porque su familia no quería una lesbiana con un mariquita juntos
dando la nota, pero había mucho más, me lo fue contando porque el dinero era
mucho y yo le preguntaba, pero siempre con cuentagotas.
Helena le miraba atónita
con los ojos llorosos mientras Berto iba alzando la voz cada vez más hasta que
rompió en un llanto histérico.
—No, calla, no entiendo
nada ¿por qué no llamas a Pro?
— ¿Qué llame a Pro? De
verdad que estáis todas locas, Pro no tiene ni puta idea de nada, aquí está
implicado todo dios, la policía, los políticos y hasta las lesbianas esas
amigas de la gilipollas de Carmen y cállate ya y deja de llorar o te pego una
hostia ahora mismo.
Helena rompió a chillar y
corrió a su habitación insultándole en griego. Berto sacudió la cabeza y fue
hasta la puerta de la habitación de Helena que había cerrado con un portazo.
—Perdona niña, perdóname
por favor, estoy todo loca, no voy a hacerte ningún daño te lo juro, estoy
desesperado ¿sabes? Estoy seguro de que Carmen está muerta y nunca nos vamos a
enterar de que ha pasado. Y tengo que buscar algo pero no sé qué puede ser.
Carmen tiene que tener algo guardado de todo esto, vamos a buscarlo
tranquilamente, vamos a mirar todo, sus papeles, sus facturas, sus fotos…
Ayúdame porfa.
Pro preguntó en información
por Carmen De Lucena y la señorita le remitió a la policía, cuando el agente se
acercó y le contó que no podía darle información pero que otro familiar estaba
retenido y en estado de shock, Pro se pensó lo peor.
— ¿Adrián González?—preguntó
sabiendo la respuesta.
—Correcto ¿le conoce?
—Es mi sobrino, ¿puedo
verle? ¿Está solo? Venía acompañado creo.
—Sí, puede verle y si está
solo, no sé si venía con alguien. Acompáñeme.
Pro entró en una habitación
con dos policías en la puerta.
— ¿Estás bien?
—Está muerta Pro, Carmen
está muerta.
— ¿Qué ha pasado?
—Está muerta, la he visto
abajo en la morgue, no sabemos qué coño ha pasado pero está muerta, Sofía se ha
ido a no sé dónde a poner una denuncia o algo .Ha venido un juez y nos ha dicho
que es secreto de sumario, que no se puede filtrar a la prensa y que me tenía
que quedar aquí. Me he puesto muy nervioso y dicen que he agredido a un
policía.
—Pero ¿y Sofía? ¿No
necesitas abogado?
—Pues no lo sé, me han
sedado hará media hora y no me han dicho
nada pero Sofía se fue antes de todo eso.
—Bueno ¿hay algo más que
deba saber? Voy a hablar con la policía.
—No, creo que no.
El policía le contó que la
muerte de Carmen era secreto de sumario como había dicho Adrián y que no podían decirle nada, pero le dijo a
qué juzgado podía acudir y que lo de su sobrino no era nada importante, que al
bajar a ver el cadáver le había dado un ataque de ansiedad diciendo que quería
coger una pistola y acabar con todo y un médico le había sedado y estaba
protegido por su propia seguridad pero que no estaba acusado de nada.
Cada vez olía peor todo.
Salió ligeramente
conmocionado a la calle, se sentó en el suelo junto a la moto y encendió un
cigarro.
No podía dejar a Adrián
allí sin más, no podía llamar a Berto para decirle esto, no podía ir solo al
juzgado y no sabía dónde coño estaba Sofía y si era bueno que siguiera estando
en esta historia.
Pensó en Castro, él le
había presentado a Sofía ¿Y qué? Tenía que buscar un abogado ya y un detective
o algo parecido.
Cogió el teléfono y marco,
no lo cogían, sonaba y sonaba y cuando estaba a punto de colgar irritado saltó
el contestador
— ¿Benja? ¿Eres tú? Rápidamente
entendió que era el contestador—Benjamín soy Pro, necesito que me eches una mano,
voy al juzgado de guardia trece y necesito que me asesores, llámame cuando
puedas, un abrazo. Agur.
Joder, tenía que llamar a
su hermana para contarle lo de Adri. Podía llamar primero a su cuñado, era más
resuelto y se ahorraba el show su hermana, además Fran si podría echarle una
mano, marcó su número pero tampoco consiguió que lo descolgaran. Estaba pensando
que decir en el mensaje cuando le saltó una llamada entrante.
— ¿Sí?
—Pro, soy Benjamín, estoy
en la redacción, si quieres pasas a buscarme o si quieres nos vemos en veinte minutos
en el juzgado.
—Benja, que alegría, me
paso a buscarte, estoy en la puerta del hospital pero salgo ya ¿subo a buscarte
o bajas tú a la puerta del edificio?
—Bajo, bajo yo, tu no
subas, espérame en la acera de enfrente, ¿vienes con la moto?
—Sí, tardo nada ya lo
sabes.
—Vale, no te quites el
casco, subes por Doctor Hidalgo y me esperas subido en la moto con el casco
puesto, pasado la tienda de móviles y no llames a nadie más.
—Vale, allí nos vemos.
De
momento suponía ahorrase una llamada, Benja le podía aclarar algunas cosas,
seguro que estaba al tanto del caso, no era periodista pero estaba muy metido
en el medio con buenos contactos y en el juzgado también le aclararían la
situación de Adrián antes de llamar a nadie.
Al llegar al punto de
encuentro vio a alguien con casco que le
hacía señas desde la acera contraria. Cruzó hacia él entre los coches
atascados.
—Sube toda la calle hasta
el fondo y cuando giremos aparcas, hay un bar,
tomamos un café cinco minutos.
Pro aparcó justo en la esquina
de la calle, estaban a cinco de minutos del periódico y a diez de los juzgados.
—Dejamos aquí los cascos y
luego vamos andando, vamos a tomar ese café.
Entraron en el bar y se
dirigieron al fondo de la barra.
—Bueno pirata, ¿cuéntame
que asuntos tenemos, tiene que ver con una vecina tuya familia de los
Lucena-Rodríguez?
—Sí, ¿cómo lo sabes?
—Bueno, no la conozco, pero
si sé que es tu vecina, ayer salió la
noticia de que estaba desaparecida o algo parecido, sin confirmar, estaba en la
manifestación ¿no? , hubo muchos detenidos y al menos dos personas que no aclaran en qué circunstancias están. Luisa, mi
chica si la ha visto en tu casa y además lleva el caso de la bodega de la
familia y el manejo que lleva su tío con
el partido y las cuentas, ayer me comentó que era tu vecina e insistía en que
yo la conocía pero no, debió ser en otra ocasión que yo no estaba, el caso es
que cuando has llamado me ha sonado el
timbre de la intuición.
—Bueno, pues yo también he
acertado llamándote. Adrián está retenido en el hospital, sedado, parece que
agredió o amenazó a alguien, puede que un policía ,cuando vio el cadáver de
Carmen, porque resulta que está muerta pero no sabemos cómo, se supone que me
podrán contar en el juzgado. Creo que necesito un abogado para mi sobrino y
necesito que alguien me acompañe a ver al juez a ver qué coño pasa. Tengo que llamar
a su madre, o a su padre.
— ¡No jodas! ¿Cómo vas a
llamar a los señores de Lucena? ¿Es Lucena o Rodríguez?
—Ella es de De Lucena y me
refiero a los padres de mi sobrino.
—Joder, claro, bueno eso
como tú veas, he llamado a Luisa después de hablar contigo, solo le he dicho
que me habías llamado y habíamos quedado, puede acompañarnos al juzgado o puede
enviarnos un abogado allí directamente, como tú quieras pero si ya te han dicho
que hay secreto de sumario solo va a tener acceso un letrado asignado.
—Llama a Luisa.
Después de una breve
conversación telefónica acordaron enviar un abogado al juzgado y reunirse ellos
en casa de Pro.
Al abrir la puerta de su
casa a Pro le cambió el color de la cara, entraba con el rostro gris pero el
olor a limpio junto al vacío y orden que multiplicaba la luz del salón le
dibujó una leve sonrisa.
—Siéntate voy a ver si
Berto está en frente.
Tardó medio segundo en
pensarlo, lo justo para darse la vuelta antes de tocar el timbre y volver a
entrar en su casa cerrando la puerta con cuidado.
—Mejor hablamos un rato
solos mientras esperamos a tu chica y ya les aviso, es… Berto es su compañero
de piso, de Carmen digo, y comparten con otra chica griega que también estará
en casa y luego está mi sobrino que era algo así como su pareja.
—Son pisos grandes.
—Y caros, es algo que me he
preguntado varias veces, yo vivo aquí de prestado, es un piso familiar ¿pero
ellos? Cuando se mudaron vinieron Berto y Carmen solos, mi sobrino venía a
veces a mi piso y empezó a quedarse cada vez hasta que se enrolló con esa chica
y desde entonces he tenido más información de sus finanzas y menos entendía que
vivieran en ese piso o mejor dicho que pudieran pagarlo.
—Para eso Luisa tiene
algunas respuestas, una de ellas es que o bien Carmen estaba financiada por la
familia con la que no se hablaba o directamente les hacía chantaje.
— ¿Cómo?
—A ver, Luisa te lo va a
contar todo mucho mejor, pero si no sabes nada y parece que no sabes nada, es
mejor que te vaya contando alguna cosa por si el chico ese, Berto se ofende
cuando salga el tema.
— ¿Se ofende? ¿Por qué se
va a ofender?
—Porque está implicado en
todo el pastel.
— ¿Berto? ¿De qué pastel
hablas?
—Con el tema de la bodega,
él trabaja allí, conoció a Carmen allí y se vinieron juntos a vivir a Madrid
sin trabajo y a este piso tan caro, como decías tú.
Pro asentía invitándole a
continuar.
—En la bodega esa o
alrededor de ella hay mucha chicha, tienen un consorcio montado con monopolios
en la distribución, en la recolección y gestión de las cooperativas e incluso
en el consejo de regulación de la denominación de origen, lo tienen todo
controlado con varias bodegas, con muchas empresas que soportan y contratan a
otras empresas de manera que son como Juan
Palomo. Ellos controlan todo. Y por ejemplo en el tema de las etiquetas ,
contratan a una empresa que les factura medio millón de euros por un trabajo que no hacen, porque lo hace
otra empresa suya a otro precio que también cobran, con otro concepto o con el mismo.
Eso no importa ahora, para no liarnos: ese medio millón de euros se lo lleva el
tío de la fallecida y se lo lleva a su partido político, que son quienes le
permiten controlar el consejo regulador, por ejemplo, y con ello echar fuera a
la poca competencia que no pase por el aro. Subcontratan todo, pagan precios de
risa y están ganando millones a espuertas, hay toda una organización detrás,
Luisa los llama en clave la mafia y
el partido de su tío está cobrando un protagonismo a nivel nacional, que ya
está entrando en todas las encuestas.
— ¿Pero y que puede tener
eso que ver con Berto?
—No lo sé Pro, la verdad es
que Luisa me ha hablado muchas veces del caso pero nunca de ese chico, pero
está claro que tiene que estar al corriente al menos, y yo quería avisarte
antes.
Sonó el telefonillo.
—Es Luisa, me ha dicho que
llegaba ya.
—Bien, pues voy a llamar a
Berto y lo aclaramos entre todos.
Luisa les contó miles de
datos relativos a empresas que contrataban la recolección de la uva , el
envasado, el trasporte en camiones, la extorsión a cooperativas, el etiquetado
e incluso agencias de publicidad. por supuesto medios informativos y de redes
sociales también .Berto había asentido la mayoría de las veces incluso les
ofreció algunos datos sobre la empresa para la que trabajó , que en su caso era
la propia bodega quien le había contratado y la que figuraba en su nómina igual
que el caso de Carmen, no aportó mucho más, aun revisando una y otra vez sus
nóminas y las de Carmen ,porque las nóminas era toda la información que habían
encontrado él y Helena después de más de una hora de exhaustiva búsqueda, solo
repetía continuamente que él sabía algo y que algo siempre le había olido mal.
Lo que no consiguieron
despejar era la hipótesis del chantaje de Carmen a su familia. Ni la posible
relación de ese supuesto chantaje en su muerte.
Luisa no había enlazado ese
cabo, para ella era solo algo que se le había ocurrido la noche anterior y
Berto ya no pudo aportar más después de escuchar la palabra muerte.
Todos quedaron callados,
Helena abrazó a Berto y se levantaron a
la vez.
—Lo siento. —Dijo Luisa.
—No, lo siento yo—contestó
Pro—lo siento Berto, tenía que habértelo dicho yo antes. Ha ocurrido todo muy
rápido, Adrián está en el hospital todavía.
—Adrián está bien por
cierto—le contestó Luisa—he preguntado y no está arrestado ni retenido, le he
dicho al abogado que vaya al hospital a buscarle en un taxi cuando salga del
juzgado y que vengan aquí.
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