Tratado para ser feliz.
Capítulo 11.
El asesor
Habían pasado dos días más y la cara de Pro a
diferencia de sus costillas no reflejaba mejoría alguna. Había contactado con Benjamín a
través de un SMS con un móvil de su nuevo asesor, tranquilizándole sobre su
estado y avisándole que tuviera cuidado, esto último había sido una insistencia
de Damián porque creía que estaba en el ajo y
quería provocar algún movimiento.
Había encendido su móvil en contra de la opinión
tajante de Damián para ver que tenía dos llamadas perdidas de Sofía y otra de
un fijo que podría ser el de su agente o bien el de la academia, era un número
que recordaba, pero no sabía a quién correspondía.
Tenía que recobrar cuanto antes el control de
todo aquello, el gestor apenas había aparecido un rato por las noches para reunirse
con Fran y luego con los chicos en la caseta de atrás, estaban durmiendo todos
allí: Berto, Helena incluso Adrián para que Pro estuviera encerrado en su
habitación y la única información que tenía eran las vagas explicaciones que le
daba Fran cuando su hermana le traía el desayuno por las mañanas.
Se incorporó con bastante dificultad, pero una
vez erguido aparentaba bastante más seguridad de la que en realidad tenía.
Estaba abriendo la puerta cuando sintió como la cabeza de su hermana se
abalanzaba contra él.
—¡Aitana! ten cuidado que me das.
—¡joder! ¿Qué haces levantado?
—No puedo más, necesito dar una vuelta y fumarme
un cigarro.
—¿Sigues fumando? ¿y seguro que un cigarro? te
acompaño y nos contamos cosas. Ha llovido mucho esta noche y hace frío, coge
una chaqueta o algo.
—Que madre eres. Pero me encanta y lo sabes.
Salieron fuera, a la parte de atrás, frente a la
cabaña de invitados donde estaban los chicos alojados. Pro encendió un
cigarrillo ya hecho.
—¿Seguro que no lleva nada? A ver cómo huele.
—No tenía nada a mano, huele si quieres.
—Si era por pedirte una calada. Creo que la voy a
necesitar. ¿Qué está pasando Pro? ¿Qué hacemos aquí todos escondidos y de
quién?
—Pues lamento decepcionarte con todas mis
respuestas porque además de no estar aliñado, no tengo información para darte.
Me llevé cuatro hostias porque estaban robando a mis vecinos y yo llegué en ese
momento y por eso se han venido ellos aquí y yo con ellos, con vosotros.
—Roban a tus vecinos y tú te los traes aquí, vale
muy normal, y que la chica esa que ha muerto en la manifestación era tu vecina,
también normal y que era la novia de Adrián y no lo sabíamos ninguno también muy
normal, que a ti te han dado una paliza de profesionales más normal todavía,
por favor Pro no me vengas con tonterías.
—De verdad, tengo las mismas ganas de saber que
tú. ¿Están los chicos?
—Creo que no, que estamos solos, tampoco está
Fran pero me dijo que hoy si venía a comer.
—Pues podemos dar un paseo y esperar a que venga
alguno y nos cuente algo.
—Pero al pueblo no Pro, me dijeron que no
saliéramos.
—¿Te dijeron? ¿Quién hermanita?
—Fran, Fran y el asesor ese que viene todos los
días, me dijeron que no salieran tampoco los chicos, pero yo no estoy de
guardián de nadie. No me da buena espina Pro y la chica extranjera esa que
viene con el mariquita tampoco, que es una chica maja entiéndeme, pero no me
dan buen... no sé cómo decirlo.
—Déjalo, acabas de dar un discurso racista sin
darte cuenta.
—¿Racista? ¿Por qué? No he dicho nada de su raza.
—Ni tampoco de la condición sexual de Berto, pero
le has llamado mariquita.
—Bueno, pero eso es cariñoso en el fondo.
—En el fondo no lo sé Aitana, pero es
distinguirlo y no de una manera ponderada, más bien de forma jocosa, haciendo
gracia de su diferencia y en cuanto al asesor, creo que es porque es gitano y
de Helena lo has dicho tu: es griega.
—¿Griega? Pensaba que era rumana o búlgara o algo
de eso, es que habla muy raro.
—Déjalo de verdad, yo sé que tienes buenas
intenciones con esto, pero tienes una forma de expresarlo nefasta.
Pasearon un poco por el jardín trasero y Aitana
le enseño las plantas que tenía Fran por las esquinas, alguna de marihuana que
plantaba siempre Adri a principio de primavera.
—Así viene al menos dos veces en el año, una para
plantar y otra para recoger, el resto se lo
cuida su padre.
Entraron en la casita de invitados y mientras
Aitana ventilaba abriendo ventanas y recogía un poco por encima, Pro intento
encontrar algo que le proporcionara información, sin despertar sospechas en su
hermana, curioseó algún papel y se asomó a los dos dormitorios.
—¿Has encontrado algo?
—¿Algo de qué?
—Algo que nos diga algo Pro y si no, vamos a hacer
la comida que está empezando a llover otra vez.
—No, no he encontrado nada, aunque la verdad es
que no sé qué estoy buscando. Para variar.
—¿Para variar? No entiendo Pro, ¿Qué…?
—Déjalo, es complicado. Y doloroso.
—¿Doloroso? Soy tu hermana ¿Qué te duele Pro?
Pro le sonrió y la besó en la mano.
—Ahora mismo me duele todo, las costillas, la
cara… y la vida. La vida me duele mucho hermana.
—¿La vida? ¿Cómo puede dolerte la vida Pro? Has
tenido, tienes una vida apasionante. Eres un actor famoso, conoces mucha gente,
has viajado por todo el mundo, has tenido infinidad de novias guapísimas.
—Nunca fui actor, solo hice alguna película, lo
de ser famoso es bastante relativo la verdad y te garantizo que no aporta nada,
nada bueno al menos. Y lo de las novias mejor lo dejamos. Creo que solo he
querido de verdad a dos. A la primera cuando tenía 16 años y a la última y
lleva dos años viviendo en Italia y tengo la sensación de que nunca vamos a
consolidar nada.
—¿Y tu ex mujer? Os casasteis, tuviste un hijo.
—Un hijo que nunca tuve conmigo, que llevo 6 años
sin verlo prácticamente. Que vive a 1.500 km y que apenas tenemos dos
conversaciones telefónicas al año, por su cumpleaños y quizá por el mío algunos
años. Y su madre, nunca nos quisimos, al menos como deberían quererse dos
personas. Ella quería mi dinero, mi posición social y yo quería estabilidad,
quería cumplir con el papel que todos esperabais: nuestros padres, mi
productora, mi agente…Todos. Y yo quería cumplir mi parte, no defraudaros.
—Me dejas de piedra. Anda vamos a casa y seguimos
con una copa de vino.
Estaban sentados en la cocina bebiendo una copa
de vino cuando apareció Fran, bastante antes de lo esperado.
—Hola, ¿va todo bien?, ¿No has ido a trabajar
hoy?
—Pues no, tenía una prueba en el médico y avisé
que me llevaba todo el día.
—¿Y qué prueba era cariño? ¿Por qué no me has
dicho nada?
—No tenía ninguna prueba Aitana, de verdad que a
veces pones muy difícil el contar nada.
—Pero si no has contado nada, solo que tenías que
hacerte una prueba en el médico.
—Bueno, pues no tenía ninguna prueba, tenía que
espiar a alguien. Eso es todo.
—¿Espiar? ¿Tu? ¿A quién? ¿Qué está pasando? De
verdad tenéis que contarme algo ya, porque a mí me va a dar algo.
—Está bien, es Pérez que me dijo que espiara a tu
amigo periodista y a su novia. No son trigo limpio, estabas con ellos cuando
estaban robando en la casa de tu vecina, robando papeles, te dieron una paliza
y luego está Sofía. ¿Sabes que Damián ha averiguado que tiene conexión con los
italianos?
—No Fran, no me habéis contado nada, llevo días
que me parecen semanas en estado vegetativo. Pero lo que no sabía y no entiendo
es porqué ese señor que me presentaste ha tomado el mando de las operaciones.
¿Quién es?
—Es de aquí del pueblo, es un chaval que se ha
hecho a sí mismo, pero dentro de la ley, ha estudiado derecho y asesoría de
algo, está muy bien informado y es de fiar. Te lo garantizo.
—¿Me lo garantizas? Tengo que hablar con Berto, y
con el resto y después hablaremos todos con ese Pérez López.
—No hay problema cuñado, pero ahora tengo que
irme y pasar por la oficina. Los chicos están en el pueblo tomando algo,
necesitan desconectar un poco, he quedado esta tarde con Damián así que nos
vemos todos esta tarde, si te parece bien.
—Me parece perfecto Fran.
Fran cogió un paraguas, cambió su abrigo por una
gabardina y se marchó.
—Qué tiempo más desagradable, bueno
vamos a cocinar algo. Voy a encender la radio y a poner una tapita de queso, yo
con música y queso soy más feliz.
—¿Qué sabes tú de ese López Pérez? Es
de aquí del pueblo, ¿no?
—Es al revés, Pérez López, y no se gran
cosa de él. Fran si le conoce hace tiempo por el tema de la caza y eso, se que
le ha conseguido alguna… ¿montería? No estoy segura de que se diga así. Pero no
tengo ni idea de por qué se ha convertido en el asesor. Y estoy preocupada
hermano, no sabía de la existencia de una novia de Adrián y no me gusta, y
mucho menos que haya fallecido y que estemos aquí escondidos después de que te
hayan dado una paliza. Veo a mi hijo receloso, no me quiere contar nada, se
esconde detrás de esa parejita que has traído y siento una distancia como si mi
Adri fuera otra persona ahora.
—No le des tanta importancia, tampoco
era su novia. Carmen era una chica muy independiente y muy… muy suya, la verdad
es que creo que estaba con tu hijo por interés como casi todo en su vida.
—¿Por interés? ¿Qué interés?
—Bueno, dinero no, interés social, tu
hijo conoce mucha gente y se relaciona con gente guapa, Carmen tenía muchas
contradicciones y creo que Adri le proporcionaba cierta estabilidad. Además,
solo se acostaban de vez en cuando y Adrián está muy tocado Ahora no le agobies y ya te irá contando el poco a
poco.
Comieron juntos en la barra de la
cocina y fueron a sentarse al sofá del salón. Frente a la chimenea y la
televisión ambos se quedaron dormidos, estaba anocheciendo cuando el ruido de
la tele despertó a Pro, su hermana estaba en la cocina haciendo café.
—Café para dos—Gritó Pro.
Aitana se giró para sonreírle mientras
le miraba.
—Oído cocina. ¿Qué tal te ha sentado? A
mí de maravilla.
—No sé, estoy un poco atontado, ¿Cuánto
hemos dormido?
—Pues una hora y pico, tampoco es
tanto, todavía no son las seis, pero parece más tarde porque en este lado de la
casa oscurece antes. Pero a mí me encanta mi cocina con la luz al mediodía y
por las mañanas también me da de lado. Me voy a jubilar en esta cocina, cuando
me jubile quiero que nos vengamos aquí, pero me temo que Fran se va a estar
pasando el día yendo y viniendo.
Por cierto, me ha llamado, dice que
viene ya y también los chicos, estaban en el pueblo y se han quedado comiendo
en una terraza.
—Pues estupendo así estamos todos.
—Pues sí, porque también viene el
asesor.
Adrián entro en la cocina seguido de
Berto y Helena.
—Hola, bien hallados.
—Hola guapos, ¿no podíais decir donde
vais o si no vais a comer en casa? De verdad hijo que ya no tenéis dieciséis
años.
—Joder mama perdona, nos fuimos andando
al pueblo esta mañana y me llamó papa cuando estábamos a punto de venir y me
dijo que si esperábamos nos veníamos en su coche, pensé que te diría algo.
—Vale, siempre tienes un culpable. ¿Y
dónde está tu padre?
—Fuera hablando por teléfono, creo que
va a buscar a Damián al tren. ¿Qué tal te encuentras Pro?
—Bien, mucho mejor ¿Qué tal vosotros?
—Bien cariño, bien —contestó Berto.
—Bien, estamos tranquilos—Dijo Helena.
—Bien, eso está bien, ahora ponedme al corriente. ¿En qué punto estamos?
Intentaron contestar los tres a la vez.
—Nos vamos a Malta—dijo un entusiasta
Berto.
—Ha salido en la tele Pro, ha sido todo
un accidente. Aunque están sacando bastante mierda sobre la familia. Pero de
nosotros ni una palabra, en ningún sitio. Ni una palabra de amigos, ni de trabajo,
ni de nada en sus tres años en Madrid, algo de las femmes y de su pertenencia y nada
más.
Aitana interrumpió bruscamente a su
hijo para dirigirse a Berto
—¿A Malta? ¿Qué dices?
—Vamos a sentarnos tranquilamente
mientras viene papa—Contestó Adrián.
Se sentaron todos y por turnos fueron
contando que Berto y Helena se iban a una isla de Malta, a casa del hermano de
Helena, tenía un restaurante griego e incluso podrían tener trabajo ambos, que
la televisión había informado que la muerte de Carmen había sido un fatal
accidente más por el golpe de la caída que del porrazo, que el funeral había
sido en la más estricta intimidad y Adrian no había podido acudir, que
siguiendo las recomendaciones de Damián no habían vuelto a saber nada de Sofía
ni tampoco de los periodistas.
Y Adrian insistió mucho en la ausencia
en las noticias sobre Carmen y su vida de alguna referencia a su estancia en
Madrid.
—Resultado, no hay como que me den dos
hostias para que solucionéis todo vosotros solos, bueno y con la estimable
ayuda del nuevo asesor.
—Te dieron alguna hostia más y es un
tío majo, yo lo conozco desde que nos compramos esta casa, me saca apenas tres
o cuatro años y nos bañábamos juntos en las pozas cuando éramos pequeños. Es un
tío legal, a mi padre le salvó de una buena hace tiempo.
—¿A tu padre? ¿De qué le salvó ese?—preguntó
alarmada Aitana.
—Joder mamá no focalices todo hacia tu
vida, fue una tontería, alguna movida con la caza.,
Papá disparó a lo que no debía y Damián habló con la guardia civil para que lo
taparan un poco.
—Bueno vamos a tranquilizarnos todos un
poco y nos centramos en el tema. ¿Quien tiene una china? necesito fumarme un
porro para mí solo.
Se hizo un silencio de apenas unos
segundos roto por un coro de voces.
—¿Estás seguro Pro? Damián está a punto
de llegar y es mejor que estés lúcido y no creo que te ayude en tu estado.
—No me jodas Adrián, me tomo varios
calmantes y estoy bastante atontado y estoy hasta los cojones de toda esta
historia que yo no he pedido. ¿Tienes o no tienes?
—Ya sabes que no es mi rollo.
—Sí, es cierto tu rollo es otro,
vuestro rollo es el otro.
—A mí me hace gracia que seas tan
crítico con unas drogas y tan dependiente de otras —Añadió Berto.
—Mira Alberto yo
no soy crítico con ninguna droga y creo que tampoco soy dependiente de ninguna,
ni siquiera del tabaco, quizá solo del café por las mañanas.
—Ja, ja, ja, eres un crack Pro, sabes
de sobra que no me llamo Alberto y para no ser crítico con la coca pegas unas
turras de escándalo.
—Yo tampoco me llamo Pro y si os pego
turras con la coca es porque os gastáis el dinero que no tenéis y porque parece
que si no te pones unos tiros no eres capaz de desarrollar tu verdadera
sexualidad. Es más, a veces creo que tú crees que con la coca mi sobrino va a
experimentar el mismo cambio que experimentas tú.
—Eres un cabrón Pro y de verdad que…
—Venga vale ya—Interrumpió Adrián.
En ese momento entraron Fran y Damián.
—Parece que está el horno calentito—Añadió
Damián.
Las miradas que recibió corroboraron su duda.
—¿Qué pasa? ¿Puedo ayudar en algo?
—Pues para empezar ¿tienes una china? ¿Y alguna
explicación para tanto misterio? —Se abalanzó Adrián
—¿De hachís? Claro que si, y muy rico. Y
explicaciones tengo algunas, pero misterio no hay ninguno. ¿Por dónde
empezamos?
—Por la china para que Pro se haga un porro a ver
si se relaja un poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario