Tratado para ser
Feliz.
Capítulo 10.
Pro despertó
confuso y dolorido en lo que parecía un box de urgencias de algún hospital,
enseguida se acercó una auxiliar a preocuparse por su estado.
-Buenos días ¿qué
tal se encuentra?
-No muy bien la
verdad ¿Dónde estoy?
-En urgencias. En
el hospital central, le trajeron esta madrugada. ¿Recuerda algo?
-Sí, algunas cosas
¿Cuánto tiempo dice que llevo aquí?
-Unas pocas horas,
ingresó alrededor de las 5 y ahora son las doce pasadas del mediodía, apenas ha
descansado. Por cierto hay un familiar suyo afuera, si quiere le hago pasar y
luego se duerme otro rato hasta mi cambio de turno ¿Qué le parece?
-¿Un familiar?
¿Quién es?
-Pues no sabría
decirle, es un señor bien vestido de unos 50 años, con gafas, más bien bajito y
muy delgado. Creo que le llamó la policía municipal cuando le trajeron a usted
y lleva aquí desde las ocho y pico…
-¡Es mi cuñado!
Dígale que pase por favor.
-De acuerdo pero
son menos de veinte minutos y luego se duerme otro rato, tiene dos costillas
rotas y un posible epítema en un pulmón.
-Sí, si, lo que
usted diga pero por favor dígale que pase e incorpóreme un poco por favor.
-No puedo hacer lo
segundo, solo puede inclinar la cama si quiere con el mando pero usted no puede
moverse de momento.
Fran apareció al
momento corriendo la cortina de plástico que limitaba su box.
-Pro ¿Qué ha
pasado?
-Fran, que alegría
verte, perdona que te llamaran a ti, me pidieron un teléfono y solo pensé en ti
-Bueno, no te
disculpes pero ¿Qué ha pasado? Tienes dos costillas rotas y la cara como un
cromo ¿te han pegado una paliza? ¿Por qué?
-Por estar en el
lugar equivocado en el momento equivocado, como siempre que pasan estas cosas. Fue en casa de Adrián,
estaban robando, creo, y aparecí yo haciendo ruido.
-¿En casa de
Adrián? Pero si él vive contigo y ¿Dónde está el? ¿Está bien?
-Sí, perdona.
Adrián está durmiendo en casa, estaban robando en el apartamento de enfrente
donde vive, vivía, una chiquita que andaba enrollada con tu hijo. Es muy largo
y un poco complicado quizá, el caso es que necesito tu ayuda. Quiero que vayas
a casa y les cuentes a toda la tropa que hay allí que son tu hijo y dos más que
estoy aquí y que han robado en su casa, ellos son mis vecinos, tienen que
llamar a la policía y denunciar el robo y además… me gustaría que te llevaras a
Adri y a los otros dos a tu casa de la sierra unos días, al menos los mismos
que pase yo aquí.
-¿Qué coño está
pasando Pro? Si me has llamado es para que me cuentes de que va todo esto ¿Cómo
que me los lleve a la sierra? ¿Quieres que los esconda? ¿De quién Pro?
-Yo tampoco sé de
qué va todo esto, anoche encontré su puerta abierta y al asomarme me dieron de ostias ¿Qué más quieres que te
cuente?
-¿Por qué quieres
que me los lleve a la sierra? Y por cierto ¿me los llevo con tu hermana o la
dejo al margen? Al margen de todo claro, de llevarme a tus vecinos a su casa,
de que su hermano esté en el hospital con una paliza de que esta mañana me
hayan llamado a mí.
-Ya, bueno creo que
tienes razón. Siéntate.
Hablaron de Carmen
y de su muerte, de la relación que tenía con Adrián, de sus peculiares vecinos
y sus circunstancias, hablaron también de Luisa y Benjamín y de la historia que
querían contar y sin entrar en muchos detalles también le estaba hablando de la
presencia de Sofía alrededor de la historia cuando apareció de nuevo la
enfermera anterior descorriendo bruscamente la cortina del box.
-Lo siento mucho
pero tienen que terminar la visita.
-Me dijo que serían
veinte minutos-replicó al instante Pro.
-Lo siento mucho me
han dado órdenes de que vaya desalojando esto y ya, vienen los médicos en su
ronda y a usted le va a visitar un traumatólogo con todo el sequito de
estudiantes.
-Vale Fran,
cuéntale lo que tu creas oportuno a mi hermana, pero sobretodo ves a mi
casa e intenta llevártelos a todos a la
sierra y esta noche hablamos por teléfono ¿de acuerdo?
29 octubre
La mañana despertó
gélido a Pro, hacía frío como si fuera un hospital y estuviera despareciendo el
veranillo de San Miguel de golpe.
Una enfermera entró
abriendo cortinas y subiendo persianas, vio que el paciente estaba despierto y
le dirigió una mirada cómplice.
-Seguro que hoy no
le importa madrugar, como marcha temprano.
-Seguro que
protesto menos se lo prometo pero por favor no abra las ventanas todavía, lo
hace cuando de la vuelta. Por favor.
La enfermera no
contestó, se fue andando por el pasillo de camas hasta el otro extremo y empezó
a abrir ventanas.
Pro se dio media
vuelta en la cama y metió la cabeza bajo la almohada.
Estaba terminando
el desayuno cuando entró Fran la habitación.
-Buenos días Pro,
hoy nos vamos a casa, en un rato cuando nos den los papeles del alta. ¿Qué tal
has pasado la noche?
-Bien, mejor que la
anterior, pero tengo ganas de irme ya ¿Está mi hermana ya .
-Sí, bueno la
recogemos ahora los dos, estaba llenando la última bolsa.
-Vale, me parece
bien.
-Escucha, tengo un
amigo y tal, que bueno es de allí del pueblo, he ido a cazar con él y le
conozco bastante del pueblo. El caso, estaba en casa ayer y va a venir esta
tarde a hablar contigo. No es abogado pero es pasante y entiende bastante del
tema y bueno que creo que nos puede echar una mano.
-Pasante. No te
digo de qué Fran. No te digo de qué…Pero lo que no entiendo es que has contado
o que ha pasado por tu casa en dos días.
-Nada, de verdad,
es un amigo y se ofreció el, esta tarde viene y habláis sin más Pro, tu hazme
caso.
Los papeles se
alargaron un poco y la hermana de Pro también, cuando llegaron al pueblo había
pasado la hora de comer de largo, los abrazos y besos le habían podido más que
el hambre y decidieron entre todos que lo mejor era que se acostara un poco
para descansar.
Aunque apenas
durmiera un rato largo se despertó atontado y pesado, con un fuerte dolor de
cabeza que le incremento cuando entró en la cocina y se encontró a su sobrino
con Fran y un hombre que no conocía.
-Hola, me llamo Perezlopez
señor, o me llaman así, profesionalmente también.
Era un hombre alto,
delgado y algo desgarbado, enjuto de tez morena y te miraba muy de frente
como los retratos del greco.
-Hola, encantado yo
soy Pro o me llaman así. Supongo que Francisco le habrá dicho que no estoy muy
convencido de que sea buena idea que entre en este asunto. ¿Qué sabe? y ¿en qué
cree que puede ayudarnos?
-Bueno, Fran me dio
el nombre de Carmen de Nomeacuerdo y he averiguado muchas cosas, creo. Sé de
donde procede, cuál es su familia y sus intereses políticos y la extraña
postura antagónica de la fallecida. En cuanto a su muerte, bueno un golpe mal
dado parece ser la versión más prudente. También sé que los intereses
empresariales de la empresa familiar tienen nuevos socios. Y bueno en cuanto a
la pregunta de en qué puedo ayudarlos, supongo que en todo lo que esté en mi
mano, y en mis contactos.